Mucho se ha hablado de los ciclos circadianos desde el año pasado, después de que los investigadores que descifraron sus bases genéticas y funciones moleculares recibieron el Nobel de Medicina.

Si bien desde hace siglos se conocen estos ciclos biológicos –que no son exclusivos del ser humano–, hace poco comenzó a mirarse el tema desde la perspectiva de su influencia en la salud.

No es para menos: ellos influyen en la mayor parte de los sistemas del cuerpo humano y, por tanto, su alteración ocasiona disfunciones. Los ciclos circadianos controlan los periodos de vigilia y de sueño y regulan procesos fisiológicos como la secreción hormonal, la temperatura corporal, el comportamiento alimentario y el crecimiento normal de las células. 

“Si se alteran estos ciclos, se afectan diferentes mecanismos biológicos que tienen que ver, principalmente, con la secreción de hormonas, como la del crecimiento, el cortisol, la prolactina y las que regulan el ciclo menstrual. Si esto pasa, pueden presentarse enfermedades cardiovasculares, gastrointestinales, neurológicas, oncológicas y pulmonares”, explica el psiquiatra Franklin Escobar, especialista en medicina del sueño y director científico de la Fundación Sueño Vigilia Colombiana.

Escobar anota que la alteración de los relojes biológicos se presenta, esencialmente, por no descansar lo suficiente en la noche, exponerse a la luz hasta altas horas o llevar una vida fuera de los horarios naturales del ser humano. Pero además de las afectaciones ya citadas, los problemas pueden extenderse al terreno de la salud mental, porque vivir con los ciclos alterados es un factor de riesgo de problemas psicológicos y emocionales, agrega el experto.

Para su colega Danelia Cardona, en cambio, la relación causal entre ciclos circadianos alterados y problemas mentales no es fácil de comprobar. Según ella, personas con depresión, ansiedad o esquizofrenia tienden a manifestar padecimientos como el insomnio como consecuencia de sus males. En otras palabras, son las enfermedades mentales las que producen alteraciones del ritmo circadiano y no al revés.

“Pero lo cierto es que estas tienen efecto en la conducta: las respuestas de alerta son más lentas y hay más propensión al error y menos atención porque, según investigaciones, ocurren afectaciones neurobiológicas en el hipocampo, la zona del cerebro donde se procesa lo cognitivo y lo afectivo”, dice Cardona.

Una evidencia 

Una investigación reciente ayuda a despejar dudas, pues no solo comprobó la relación entre la interrupción circadiana y el trastorno depresivo mayor y el bipolar, sino que encontró en los afectados menores niveles de felicidad, mayores sentimientos de soledad e, incluso, deterioro de la función cognitiva.

En opinión del psiquiatra Franklin Escobar, se trata de un estudio significativo, tanto por la muestra (más de 90.000 personas de la base de datos Biobank, del Reino Unido), como por la revista en la que se publicó (The Lancet Psychiatry) y la metodología que se usó (un rastreador de actividad sujeto a la muñeca durante siete días), en lugar de los cuestionarios y las agendas de sueño que suelen emplearse en estas pesquisas científicas.

El rastreador guardó información sobre qué tan activos eran los participantes en las diez horas con mayor actividad del día en comparación con las cinco de menor actividad, una relación llamada ‘amplitud relativa’. Los puntajes más bajos en este indicador (correspondientes a personas que suelen sentirse perturbadas mientras duermen, se levantan por la noche y, en consecuencia, tienden a no estar muy activas de día) están vinculados a una peor salud mental. En concreto, se halló mayor riesgo de trastorno depresivo mayor o bipolar, mayor inestabilidad de ánimo, sentimientos de soledad, infelicidad e insatisfacción, y reacciones más lentas a estímulos, expone Daniel Smith, uno de los autores de la investigación y profesor de psiquiatría de la Universidad de Glasgow, Escocia.

Uno de los factores que más alteran los ciclos circadianos son los turnos de trabajo exigentes. El caso de Stefanía Oidor es un buen ejemplo. Las “interminables” jornadas llegaron a su vida al comenzar el internado, en los últimos semestres de Medicina. En ese entonces, no solo tenía que responder por sus cargas académicas, sino por las asignaciones que le hacían en el hospital donde hacía prácticas. “Mis jornadas eran de 5 de la mañana a 9 de la noche y ni siquiera me había graduado”, señala.

Esa fue la constante como médica rural e incluso como médica general. Y empeoró al comenzar su residencia en pediatría, pues para pagar la matrícula de la especialización tuvo que hacer turnos de 24 horas en un hospital, incluidos los festivos.

“Las consecuencias van desde ser susceptibles a errores con los pacientes a problemas de salud. Siempre estamos agotados y estresados, y los hábitos que tenemos son poco saludables por el ritmo que llevamos; por ejemplo, comemos mal”, relata ella.

A pesar del cansancio, en estos casos es difícil dormir y el insomnio es común, sostiene Oidor. Como también son frecuentes las afectaciones emocionales. La doctora cuenta que varios compañeros han tenido que consultar por depresión y ansiedad, y confiesa que ella ha tenido síntomas como falta de interés, aislamiento y tristeza.

Buscar el equilibrio 

¿Trabajar en horarios que interrumpen los ciclos circadianos es una condena en términos de salud? El psiquiatra Franklin Escobar considera que lo ideal es buscar alternativas que brinden equilibrio, pues si bien hay quienes logran adaptarse a trabajar por las noches durante años, el riesgo de enfermedades y de disminución de la expectativa de vida es latente en estos casos.

Sin embargo, reconoce que los relojes biológicos son modificables hasta cierto punto y que se pueden tomar medidas para reducir el impacto de las conductas que los alteran. Para los que trabajan en turnos rotativos, la recomendación es que estos sean en periodos de cuatro días (ocho horas por jornada) y en el sentido de las manecillas del reloj. Es decir, que si los primeros cuatro días se entró a las 6 de la mañana, en el siguiente periodo se ingrese a las 3 de la tarde y en el que viene, a la medianoche.

Por último, también existen la cronoterapia, una intervención para personas con alteraciones del ritmo circadiano ya identificadas que regula el desorden progresivamente hasta revertirlo, y la fototerapia o luminoterapia, que adecua la intensidad de la luz en función de la hora del día.

Por: Ronny Suárez / REDACCIÓN SALUD @SaludET

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