Esta alteración biológica se caracteriza por el consumo del 25% de la cantidad total de ingesta diaria después de la cena. Es producida cuando la serotonina, también llamada «hormona del estrés», se encuentra en niveles superiores a los normales. Es en ese momento cuando el eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal, que es manejado por la hormona que pone en marcha el estrés, sufre una necesidad de alimentarse en forma excesiva como una respuesta atenuada a esta situación.

Lo anterior implica que los afectados por este síndrome deberán interrumpir su sueño en más de una ocasión para comer en algunos casos sin control. Esta situación lleva, a su vez, al insomnio, anorexia matinal y depresión del estado de ánimo.

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